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jueves, 22 de julio de 2010

Poemas Rubén Darío






Félix Rubén García Sarmiento, con el seudónimo de Rubén Darío, nació en Metapa, hoy Ciudad Darío- Nicaragua, el 18 de enero del 1867. La niñez de Rubén Darío transcurrió en la ciudad de León, criado por sus tíos abuelos Félix y Bernarda, a quienes consideró en su infancia sus verdaderos padres (de hecho, durante sus primeros años firmaba sus trabajos escolares como Félix Rubén Ramírez). Asistió a varias escuelas de la ciudad de León antes de pasar, en los años 1879 y 1880, a educarse con los jesuitas. Lector precoz (según su propio testimonio aprendió a leer a los tres años), pronto empezó también a escribir sus primeros versos: se conserva un soneto escrito por él en 1879, y publicó por primera vez en un periódico poco después de cumplir los trece años: se trata de la elegía Una lágrima, que apareció en el diario El Termómetro, de la ciudad de Rivas, el 26 de julio de 1880. Poco después colaboró también en El Ensayo, revista literaria de León, y alcanzó fama como "poeta niño". En estos primeros versos, según Teodosio Fernández sus influencias predominantes eran los poetas españoles de la época Zorrilla, Campoamor, Nuñez de Arce y Ventura de la Vega. Más adelante, sin embargo, se interesó mucho por la obra de Víctor Hugo, que tendría una influencia determinante en su labor poética. Poseía una superdotada memoria, gozaba de una creatividad y retentiva genial, y era invitado con frecuencia a recitar poesía en reuniones sociales y actos públicos. Para él, como para todos los modernistas, la poesía era, ante todo, música. De ahí que concediese una enorme importancia al ritmo. Su obra supuso una auténtica revolución en la métrica castellana. Junto a los metros tradicionales basados en el octosílabo y el endecasílabo, Darío empleó profusamente versos apenas empleados con anterioridad, o ya en desuso, como el eneasílabo, el dodecasílabo y el alejandrino, enriqueciendo la poesía en lengua castellana con nuevas posibilidades rítmicas. Rubén Darío es sin duda el mayor y mejor exponente de la adaptación de los ritmos de las literaturas clásicas (grecorromanas) a la lírica hispánica. Estos ritmos se basan en el contraste de vocales tónicas y átonas, y por ello en la cantidad silábica. Recordemos que en el latín la tónica no se marca como en español con un golpe de voz más fuerte, sino con un alargamiento de la vocal. Rubén cultivará los ritmos tradicionales (yámbico y trocaico como binarios, y dactílico, anfibráquico y anapéstico como ternarios), también forjará sus propios ritmos cuaternarios e innovará juntando en un mismo verso ritmos binarios y ternarios. Fallece en León (Nicaragua) el 6 de febrero del 1916 la tierra que le vio crecer.








ANTOLOGÍA DE POESÍA DARIANA







YO PERSIGO UNA FORMA


Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo,
botón de pensamiento que busca ser la rosa;
se anuncia con un beso que en mis labios se posa
al abrazo imposible de la Venus de Milo.
Adornan verdes palmas el blanco peristilo;
los astros me han predicho la visión de la Diosa;
y en mi alma reposa la luz como reposa
el ave de la luna sobre un lago tranquilo.
Y no hallo sino la palabra que huye,
la iniciación melódica que de la flauta fluye
y la barca del sueño que en el espacio boga;
y bajo la ventana de mi Bella-Durmiente,
el sollozo continuo del chorro de la fuente
y el cuello del gran cisne blanco que me interroga.



MARCHA TRIUNFAL


¡Ya viene el cortejo!¡Ya viene el cortejo!
Ya se oyen los claros clarines.
La espada se anuncia con vivo reflejo;
ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines.
Ya pasa debajo los arcos ornados de blancas
Minervas y Martes, los arcos triunfales
en donde las Famas erigen sus largas trompetas,
la gloria solemne de los estandartes
llevados por manos robustas de heroicos atletas.
Se escucha el ruido que forman
las armas de los caballeros,
los frenos que mascan
los fuertes caballos de guerra,
los cascos que hieren la tierra
y los timbaleros, que el paso acompasan
con ritmos marciales.¡
Tal pasan los fieros guerreros
debajo los arcos triunfales!
Los claros clarines de pronto
levantan sus sones, su canto sonoro,
su cálido coro, que envuelve
en un trueno de orola augusta
soberbia de los pabellones.
Él dice la lucha, la herida venganza,
las ásperas crines, los rudos penachos,
la pica, la lanza, la sangre que riega
de heroicos carminesla tierra;
los negros mastines que azuza la muerte,
que rige la guerra. Los áureos sonidos
anuncian el advenimiento
triunfal de la Gloria;
dejando el picacho
que guarda sus nidos,
tendiendo sus alas enormes al viento,
los cóndores llegan.
¡Llegó la victoria! Ya pasa el cortejo.
Señala el abuelo los héroes al niño:
Ved cómo la barba del viejo
los bucles de oro circunda de armiño.
Las bellas mujeres aprestan
coronas de flores,
y bajo los pórticos vense
sus rostros de rosa;
y la más hermosa sonríe
al más fiero de los vencedores.
¡Honor al que trae cautiva la extraña bandera;
honor al herido y honor a los fieles
soldados que muerte encontraron
por mano extranjera!¡Clarines!
¡Laureles!Las nobles espadas
de tiempos gloriosos,
desde sus panoplias saludan
las nuevas coronas y lauros:
Las viejas espadas de los granaderos,
más fuertes que osos,
hermanos de aquellos lanceros
que fueron centauros.
Las trompas guerreras resuenan;
de voces, los aires se llenan...
A aquellas antiguas espadas,
a aquellos ilustres aceros,
que encarnan las glorias pasadas...
Y al sol que hoy alumbra
las nuevas victorias ganadas,
y al héroe que guía su grupo
de jóvenes fieros, al que ama la insignia
del suelo materno,al que ha desafiado,
ceñido el acero y el arma en la mano,
los soles del rojo verano,
las nieves y vientos del gélido invierno,
la noche, la escarchay el odio y la muerte,
por ser por la patria inmortal,
¡saludan con voces de bronce
las trompas de guerra que tocanla marcha triunfal...



ALLÁ LEJOS

Buey que vi en mi niñez
echando vaho un día
bajo el nicaragüense sol
de encendidos oros,
en la hacienda fecunda,
plena de armoníadel trópico;
paloma de los bosques
sonoros del viento, de las hachas,
de pájaros y torossalvajes,
yo os saludo,
pues sois la vida mía.
Pesado buey,
tú evocas la dulce madrugada
que llamaba a la ordeña
de la vaca lechera,
cuando era mi existencia
toda blanca y rosada, y tú,
paloma arrulladora y montañera,
significas en mi primavera pasada
todo lo que hay en la divina Primavera.




CAMPOAMOR

Este del cabello cano,
como la piel del armiño,
juntó su candor de niño
con su experiencia de anciano;
cuando se tiene en la mano
un libro de tal varón,
abeja es cada expresión que,
volando del papel,
deja en los labios la miel
y pica en el corazón.




TRISTE, TRISTEMENTE

Un día estaba yo triste,
muy triste mente viendo
cómo caía el agua de una fuente;
era la noche dulce y argentina.
Llorabala noche.
Suspiraba la noche.
Sollozabala noche.
Y el crepúsculo
en su suave amatista,
diluía la lágrima de un misterioso artista.
Y ese artista era yo,
misterioso y gimiente,
que mezclaba mi alma al chorro de la fuente.




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