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sábado, 24 de julio de 2010

Poemas Victor Hugo








Nació en Besançon-Francia, el 26 de febrero del 1802. En está ciudad pasaría su infancia, salvo 4 años del 1808 al 1812 lo pasó en Madrid, su padre había sido nombrado comandante general. Educado por su madre, originaria de la levantisca región de la Vendée, leal al realismo, se va convenciendo poco a poco de las virtudes de la democracia («Crecí»), como demuestra a lo largo de su obra. En 1816 escribió en un cuaderno escolar: «Quiero ser Chateaubriand o nada», y a los 16 años publica su primera obra, Bug Jargal. Con apenas 18 años escribe “Han de Islandia”, obra maestra del romanticismo que causa gran sorpresa y consagra de inmediato al escritor. Luego publicó su libro de poemas, Odas, que apareció en 1821: cuenta entonces con veinte años y sus estudios en el Liceo Louis-le-Grand le permiten que pronto se dé a conocer. En 1819 destacó en los Juegos Florales de Toulouse y fundó el Conservateur littéraire, junto con sus hermanos Abel y Eugène, pero su verdadera introducción en el mundo literario se produjo en 1822, con su primera obra poética: “Odas y poesías diversas”. En el prefacio de su drama Cromwell (1827) proclamó el principio de la «libertad en el arte», y definió su tiempo a partir del conflicto entre la tendencia espiritual y el apresamiento en lo carnal del hombre. Fue un poeta, dramaturgo y novelista, considerado por muchos el más importante de los escritores románticos en francés. Su obra es muy variada: novelas, poesías, obras de teatro en verso y en prosa, discursos políticos en la Asamblea Nacional, y una abundante correspondencia. En 1862 escribió su gran éxito “Los Miserables”, magna obra de la literatura francesa y mundial. Durante su exilio conoció a Oscar Wilde y Hans Christian Andersen. Anteriormente había conocido a Alejandro Dumas y a Julio Verne. Murió en París, el 22 de mayo de 1885 a causa de una neumonía.
















POEMAS








A UNA MUJER



¡Niña!, si yo fuera rey daría mi reino,
mi trono, mi cetro y mi pueblo arrodillado,
mi corona de oro,
mis piscinas de pórfido,
y mis flotas,
para las que no bastaría el mar,
por una mirada tuya.
Si yo fuera Dios,
la tierra y las olas,los ángeles,
los demonios sujetos a mi ley.
Y el profundo caos
de profunda entraña,
la eternidad, el espacio,
los cielos, los mundos¡daría
por un beso tuyo!

Versión de L. S.




ALBORADA


Ya brilla la aurora fantástica,
incierta,velada en su manto de rico tisú.
¿Por qué, niña hermosa,
no se abre tu puerta?
¿Por qué cuando el alba
las flores despiertadurmiendo estás tú?
Llamando a tu puerta,
diciendo está el día:
"Yo soy la esperanza
que ahuyenta el dolor".
El ave te dice:
"Yo soy la armonía".
Y yo, suspirando,
te digo: "Alma mía,yo soy el amor".


Versión de F. Maristany



AYER, AL ANOCHECER



Las sombras descendían,
los pájaros callaban,
a luna desplegaba
su nacarado olán.
La noche era de oro,
los astros nos miraban
y el viento nos traía
la esencia del galán.
El cielo azul tenía
cambiantes de topacio,
la tierra oscura cabello
de bálsamo sutil;
tus ojos más destellos
que todo aquel espacio,
tu juventud más ámbar
que todo aquel abril.
Aquella era la hora solemne
en que me inspiro,
en que del alma brota
el cántico nupcial,
el cántico inefable del beso
y del suspiro,
el cántico más dulce,
del idilio triunfal.
De súbito atraído quizá
por una estrella,
volviste al éter puro
tu rostro soñador...
Y dije a los luceros:
"¡verted el cielo en ella!"
y dije a tus pupilas:
"¡verted en mí el amor!"

Versión de Salvador Díaz Mirón



CANCIÓN

Nace el alba
y tu puerta está cerrada
Hermosa mía,
¿a qué dormir?
¿Si se despierta la rosa,
no vas a despertar tú?
Mi lindo encanto
escucha ya,
a tu amante que canta
y también llora.
Todo llama a tu puerta bendita.
Dice la aurora:
«yo soy el día.»
Dice el pájaro:
«yo la armonía.»
Y mi corazón:
«yo el amor.»
Mi lindo encanto
escucha ya,
a tu amante que canta
y también llora.
Te adoro, ángel,
te amo mujer
Dios que me completó contigo
creó mi amor para tu alma.
Y mis ojos para tu belleza.

Versión de Rafael Pombo





LA MUJER CAÍDA


¡Nunca insultéis a la mujer caída!
Nadie sabe qué peso la agobió,
ni cuántas luchas soportó
en la vida,¡hasta que al fin cayó!
¿Quién no ha visto
mujeres sin aliento
asirse con afán a la virtud,
y resistir del vicio el duro viento
con serena actitud?
Gota de agua pendiente de una rama
que el viento agita
y hace estremecer;
¡perla que el cáliz de la flor derrama,
y que es lodo al caer!
Pero aún puede la gota peregrina
su perdida pureza recobrar,
y resurgir del polvo,
cristalina,y ante la luz brillar.
Dejad amar a la mujer caída,
dejad al polvo su vital calor,
porque todo recobra nueva vida
con la luz y el amor.



LA TUMBA Y LA ROSA


La tumba dijo a la rosa:
-¿Dime qué haces,
flor preciosa,
lo que llora el alba en ti?
La rosa dijo a la tumba:
-de cuanto en ti se derrumba,
sima horrenda,
¿qué haces, di?
Y la rosa:
-¡Tumba oscura
de cada lágrima pura
yo un perfume hago veloz.
Y la tumba:
-¡Rosa ciega!
De cada alma que me llega
yo hago un ángel para Dios.

Versión de Rafael Pombo



NOCHE DE JUNIO

Muere el día en verano.
De sus flores cubierto,
vierte el campo
a lo lejos un perfume embriagante.
Con los ojos cerrados
y el oído entreabierto,
dormimos en un sueño
más claro y fascinante.
Es más grata la sombra
y el lucero es más puro.
Una luz imprecisa
los espacios colora,
y el alba dulce y pálida,
esperando su hora,
vaga toda la noche
al pie del cielo oscuro.

Versión de Andrés Holguín



QUIÉN NO AMA NO VIVE

Quienquiera que fueres,
óyeme:si con ávidas miradas
nunca tú a la luz del véspero
has seguido las pisadas,
el andar süave y rítmico
de una celeste visión;
O tal vez un velo cándido,
cual meteoro esplendente,
que pasa,
y en sombras fúnebres
ocúltase de repente,
dejando de luz purísima
un rastro en el corazón;
Si sólo porque en imágenes
te la reveló el poeta,
la dicha conoces íntima,
la felicidad secreta,
del que árbitro se alza
único de otro enamorado ser;
Del que más nocturnas lámparas
no ve, ni otros soles claros,
ni lleva en revuelto piélago
más luz de estrellas ni faros
que aquella que vierten mágica
los ojos de una mujer;
Si el fin de sarao espléndido
nunca tú aguardaste afuera,
embozado, mudo, tétrico
mientras en la alta vidriera
reflejos se cruzan
pálidos del voluptuoso vaivén),
Para ver si como ráfaga
luminosa a la salida,
con un sonreír benévolo
te vuelve esperanza
y vida joven beldad de ojos lánguidos,
orlada en flores la sien.
Si celoso tú y colérico
no has visto una blanca mano usurpada,
en fiesta pública,
por la de galán profano,
y el seno que adoras,
próximo a otro pecho, palpitar;
Ni has devorado los ímpetus
de reconcentrada ira,
rodar viendo el valse impúdico
que deshoja,
mientras gira en vertiginoso círculo,
flores y niñas al par;
Si con la luz del crepúsculo
no has bajado las colinas,
henchida sintiendo el ánima
de emociones mil divinas,
ni a lo largo de los álamos
grato el pasear te fue;
Si en tanto que en la alta bóveda
un astro y otro relumbra,
dos corazones simpáticos
no gozasteis la penumbra,
hablando palabras místicas,
baja la voz, tardo el pie;
Si nunca al roce magnético
temblaste de ángel soñado;
si nunca un Te amo dulcísimo,
tímidamente exhalado,
quedó sonando
en tu espíritu
cual perenne vibración;
Si no has mirado con lástima
al hombre sediento de oro,
para el que en vano munífico
brinda el amor su tesoro,
y de regio cetro
y púrpura no tuviste compasión;
Si en medio de noche lóbrega
cuando todo duerme y calla,
y ella goza sueño plácido,
contigo mismo en batalla
no te desataste en lágrimas
con un despecho infantil;
Si enloquecido o sonámbulo
no la has llamado mil veces,
quizá mezclando frenéticolas
blasfemias a las preces,
también a la muerte, mísero,
invocando veces mil;
Si una mirada benéfica
no has sentido que desciende
a tu seno, como súbito
lampo que las sombras hiende
y ver nos hace beatífica
región de serena luz;
O tal vez el ceño gélido
sufriendo de la que adoras,
no desfalleciste exánime,
misterios de amor ignoras;
ni tú has probado sus éxtasis
ni tú has llevado su cruz.


Versión de Miguel Antonio Caro



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