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lunes, 16 de agosto de 2010

Poemas Ángel González Muñiz



Ángel González Muñiz, nace en Oviedo-España, el 6 de septiembre del 1925, poeta español. En 1943 enferma de tuberculosis con un lento proceso de recuperación, comienza a leer poesía y ha componer el mismo. A los tres años tras recuperarse de su dolencia, decide estudiar Derecho en la Universidad de Oviedo. en 1950 se traslada a Madrid para estudiar en la Escuela Oficial de Periodismo. Cuatro años después, en 1954, oposita para Técnico de Administración Civil del Ministerio de Obras Públicas e ingresa en el Cuerpo Técnico; le destinan a Sevilla, pero en 1955 pide una excedencia y marcha a Barcelona durante un periodo en el que ejerce como corrector de estilo de algunas editoriales, entablando amistad con el círculo de poetas de la Ciudad Condal, en 1956 publicó su primer libro, "Áspero mundo", Tras su segundo libro, "Sin esperanza, con convencimiento" (1961), Ángel González pasó a ser adscrito al grupo de poetas conocido como Generación del 50 o Generación de medio siglo. Su obra es una mezcla de intimismo y poesía social, con un particular y característico toque irónico, y trata asuntos cotidianos con un lenguaje coloquial y urbano, nada neopopularista ni localista. El paso del tiempo y la temática amorosa y cívica son las tres obsesiones que se repiten a lo largo y ancho de sus poemas, de regusto melancólico pero optimistas. Su lenguaje es siempre puro, accesible y transparente En 1962 es galardonado en Colliure con el Premio Antonio Machado por su libro "Grado elemental". En 1985 le conceden el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y en 1991 el Premio Internacional Salerno de Poesía. En enero de 1996 fue elegido miembro de la Real Academia de la Lengua Española en el sillón "P" sustituyendo al escritor Julio Caro Baroja. El mismo año, además, obtuvo el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. En 2001 obtiene el Premio Julián Besteiro de las Artes y las Letras. En 2004 se convierte en el primer ganador del Premio de Poesía Ciudad de Granada-Federico García Lorca. Muere en Madrid-España, el 12 de enero del 2008.






ANTOLOGÍA POÉTICA






ALGA QUISIERA SER, ALGA ENREDADA...



Alga quisiera ser, alga enredada,

en lo más suave de tu pantorrilla.

Soplo de brisa contra tu mejilla.

Arena leve bajo tu pisada.

Agua quisiera ser, agua salada

cuando corres desnuda hacia la orilla.

Sol recortando en sombra tu sencilla

silueta virgen de recién bañada.

Todo quisiera ser, indefinido,

en torno a ti: paisaje, luz, ambiente,

gaviota, cielo, nave, vela, viento…

Caracola que acercas a tu oído,

para poder reunir, tímidamente,

con el rumor del mar, mi sentimiento.



BOSQUE


Cruzas por el crepúsculo.

El aire tienes que separarlo

casi con las manos de tan denso,

de tan impenetrable.

Andas. No dejan huellas tus pies.

Cientos de árboles contienen

el aliento sobre tu cabeza.

Un pájaro no sabe que estás allí,

y lanza su silbido largo

al otro lado del paisaje.

El mundo cambia de color:

es como el eco del mundo.

Eco distante que tú estremeces,

traspasando las últimas

fronteras de la tarde.



DANAE


La tarde muere envuelta en su tristeza.

Paisaje tierno para soñadoras

miradas de mujer, exploradoras

de su melancolía en la belleza.

Danae apoya en sus manos la cabeza.

El ambiente que el sol último dora

es una leve, dulce y turbador

acaricia que la oprime con pereza.

Un pajarillo gris, desde una vana

rama, canta a la tarde lenta y rosa.

Oro de sol entra por la ventana

y Danae, indiferente y ojerosa,

siente el alma transida de desgana

y se deja, pensando en otra cosa.


EL DERROTADO


Atrás quedaron los escombros:

humeantes pedazos de tu casa,

veranos incendiados,

sangre seca

sobre la que se ceba

-último buitre-

el viento.

Tú emprendes viaje

hacia adelante, hacia

el tiempo bien llamado porvenir.

Porque ninguna tierra

posees, porque ninguna patria

es ni será jamás la tuya,

porque en ningún país

puede arraigar

tu corazón deshabitado.

Nunca -y es tan sencillo-

podrás abrir una cancela

y decir, nada más:

«buen día,madre».

Aunque efectivamente

el día sea bueno,

haya trigo en las eras

y los árboles

extiendan hacia ti

sus fatigadas

ramas, ofreciéndote

frutos o sombra

para que descanses.



ENTONCES


Entonces,

en los atardeceres

de verano, el viento

traía desde el campo

hasta mi calle

un inestable olor a establo

y a hierba susurrante

como un río

que entraba con su canto

y con su aroma

en las riberas

pálidas del sueño.

Ecos remotos,

sones desprendidos

de aquel rumor,

hilos de una esperanza

poco a poco deshecha,

se apagan dulcemente

en la distancia:

ya ayer va susurrante

como un río

llevando lo soñado

aguas abajo,

hacia la blanca

orilla del olvido.




ESPERANZA


Esperanza, araña

negra del atardecer.

Tu paras no lejos

de mi cuerpo abandonado,

andas en torno a mí,

tejiendo, rápida,

inconsistentes hilos

invisibles, te acercas,

obstinada,

y me acaricias casi

con tu sombra pesada

y leve a un tiempo.

Agazapada bajo las piedras

y las horas, esperaste,

paciente, la llegada

de esta tarde

en la que nada es ya posible...

Mi corazón:

tu nido.

Muerde en él, esperanza.



INMORTALIDAD DE LA NADA


Todo lo consumado

en el amor no será nunca

gesta de gusanos.

Los despojos del mar

roen apenas los ojos que jamás

-porque te vieron-,

jamás se comerá

la tierra al fin del todo.

Yo he devorado tú

me has devorado en

un único incendio.

Abandona cuidados:

lo que ha ardido

ya nada tiene

que temer del tiempo.


PARA NADA


Trabajé el aire se

lo entregué al viento:

voló, se deshizo,

se volvió silencio.

Por el ancho mar,

por los altos cielos,

trabajé la nada,

realicé el esfuerzo, perforé

la luz ahondé el misterio.

Para nada, ahora,

para nada, luego;

humo son mis obras,

cenizas mis hechos...

Y mi corazón que

se queda en ellos.


YA NADA ES AHORA



Largo es el arte;

la vida en cambio corta

como un cuchillo

Pero nada ya ahora

-ni siquiera la muerte,

por su parte

inmensa-

podrá evitarlo:

exento, libre,

como la niebla

que al romper el día

los hondos valles

del invierno exhalan,

creciente en un

espacio sin fronteras,

ese amor ya sin ti

me amará siempre.


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