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sábado, 21 de agosto de 2010

Poemas Manuel Acuña




Nació en Saltillo, Coahuila-México, el 27 de agosto del 1849. Médico y poeta. De sus padres recibió las primeras letras, estudia en el colegio de la ciudad de Saltillo y posteriormente en 1865 se trasladó a México donde ingreso como alumno interno en el colegio San Ildelfonso, donde estudio matemáticas, latín, francés y filosofía. 1868 inicia la carrera de medicina en la Universidad de Medicina de México, la cual no concluyo quedándose en el 4 año concluido. También inició su interés en la poesía este mismo año, se desarrolló en el estilizado ambiente romántico del intelectualismo mexicano de la época. Uno de sus poemas más célebres es el "Nocturno", dedicado a Rosario de la Peña, el gran amor de su vida, su trabajo más representativo. Murió en su habitación de la Escuela de Medicina el 6 de diciembre de 1873, a la corta de edad de 24 años, suicidándose con cianuro.





POEMAS





NOCTURNO


A Rosario

¡Pues bien!, yo necesito decirte que te adoro,
decirte que te quiero con todo el corazón;
que es mucho lo que sufro,
que es mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto, y al grito en que te imploro,
te imploro y te hablo en nombre de mi última ilusión.
Yo quiero que tú sepas que ya hace muchos días
estoy enfermo y pálido de tanto no dormir;
que están mis noches negras, tan negras y sombrías,
que ya se han muerto todas las esperanzas mías,
que ya no sé ni dónde se alzaba el porvenir.
De noche, cuando pongo mis sienes en la almohada
y hacia otro mundo quiero mi espíritu volver,
camino mucho, mucho, y al fin de la jornada,
las formas de mi madre se pierden en la nada,
y tú de nuevo vuelves en mi alma a aparecer.
Comprendo que tus besos jamás han de ser míos,
comprendo que en tus ojos no me he de ver jamás;
y te amo y en mis locos y ardientes desvaríos,
bendigo tus desdenes, adoro tus desvíos,
y en vez de amarte menos te quiero mucho más.
A veces pienso en darte mi eterna despedida,
borrarte en mis recuerdos y huir de esta pasión;
mas si es en vano todo y el alma no te olvida,
¿qué quieres tú que yo haga, pedazo de mi vida,
qué quieres tú que yo haga con este corazón?
Y luego que ya estaba concluido el santuario,
tu lámpara encendida, tu velo en el altar,
el sol de la mañana detrás del campanario,
chispeando las antorchas, humeando el incensario,
y abierta allá a lo lejos la puerta del hogar...
¡Qué hermoso hubiera sido vivir bajo aquel techo,
los dos unidos siempre y amándonos los dos;
tú siempre enamorada, yo siempre satisfecho,
los dos una sola alma, los dos un solo pecho,
y en medio de nosotros mi madre como un Dios!
¡Figúrate qué hermosas las horas de esa vida!
¡Qué dulce y bello el viaje por una tierra así!
Y yo soñaba en eso, mi santa prometida;
y al delirar en eso con alma estremecida,
pensaba yo en ser bueno por ti, no más por ti.
Bien sabe Dios que ese era mi más hermoso sueño,
mi afán y mi esperanza, mi dicha y mi placer;
¡bien sabe Dios que en nada cifraba yo mi empeño,
sino en amarte mucho en el hogar risueño
que me envolvió en sus besos cuando me vio nacer!
Esa era mi esperanza... mas ya que a sus fulgores
se opone el hondo abismo que existe entre los dos,
¡adiós por la vez última, amor de mis amores;
la luz de mis tinieblas, la esencia de mis flores;
mi lira de poeta, mi juventud, adiós!




POBRE FLOR


—«¿Por qué te miro así tan abatida,
pobre flor?¿En dónde están las galas de tu vida
y el color?»Dime, ¿por qué tan triste te consumes,
dulce bien?»—«¿Quién?, ¡el delirio devorante y loco
de un amor, que me fue consumiendo poco a poco
de dolor! Porque amando con toda la ternura
de la fe,a mí no quiso amarme la criatura
que yo amé.» Y por eso sin galas me marchito
triste aquí, siempre llorando en mi dolor maldito,
¡Siempre así!»—¡Habló la flor!...Yo gemí...
era igual a la memoriade mi amor.





A UN ARROYO


A mi hermano Juan de Dios Peza
(a su gran amigo)


Cuando todo era flores tu camino,
cuando todo era pájaros tu ambiente,
cediendo de tu curso a la pendiente
todo era en ti fugaz y repentino.
Vino el invierno con sus nieblas, vino
el hielo que hoy estanca tu corriente,
y en situación tan triste y diferente
ni aún un pálido sol te da el destino.
Y así en la vida el incesante vuelo
mientras que todo es ilusión, avanza
en sólo una hora cuanto mide un cielo.
Y cuando el duelo asoma en lontananza
entonces como tú cambiada en hielo
no puede reflejar ni la esperanza.





SONETO


Porque dejaste el mundo de dolores
buscando en otro cielo la alegría
que aquí, si nace, sólo dura un día,
y eso entre sombras, dudas y temores.
Porque en pos de otro mundo y de otras flores
abandonaste esta región sombría,
donde tu alma gigante se sentía
condenada a continuos sinsabores.
Yo vengo a decir mi enhorabuena
al mandarte la eterna despedida
que de dolor el corazón me llena;
que aunque cruel y muy triste tu partida,
si la vida a los goces es ajena,
mejor es el sepulcro que la vida.





INSCRIPCIÓN EN UN CRÁNEO


Página en que la esfinge de la muerte
con su enigma de sombrea nos provoca:
¿Cómo poderte descifrar,
si es pocatoda la luz del sol para leerte?



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