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lunes, 9 de agosto de 2010

Poemas María Cristina Salas






María Cristina Salas Vázquez, actriz, directora teatral, poetisa y escritora de cuentos infantiles. Estudió Derecho y se diplomó en la Escuela Municipal de Arte Dramático en Buenos Aires. Publicó su primer libro, "El Amanecer Permanente," en el Instituto de Cultura Juan Gil Albert de la Diputación de Alicante. En el año 2004 la editorial R.B.A. le publica su segundo libro “El Hada Marylina,” un volumen de seis cuentos cortos cuyo personaje central, un hada, le lleva mensajes a los niños-adultos de amor, respeto y armonía hacia todos los seres vivos. En abril de 2008 presenta su tercer libro, "Las Nuevas Aventuras del Hada Marylina,” editado por la R.B.A. y en Junio de 2008, “La Historia de Lil” con la editorial E.C.U. Ha trabajado para la Diputación de Alicante en el programa de Animación a la Lectura visitando colegios y presentando sus libros. En el año 2009 la editorial Ediciones B publica su libro puzzle “El Gran libro de las Hadas del Mundo.” Con "El último árbol," editado por E.C.U. en 2010 para el día del libro, la autora quiere dar un mensaje de respeto y protección a la naturaleza, y recordar la advertencia de los indios americanos.









POEMAS







CARACOLAS DE MAR



Caracolas del mar que escucháis
el llanto de las olas en cada vaivén
de espuma y sal, escuchad también el mío
y recogedlo, para que las ninfas
lo conviertan en música.
Dejad que mi cuerpo flote en la inmensidad
y los delfines lo arrullen en círculos concéntricos
hasta que la paz vuelva a reinar en mi alma.
Sofocad este fuego que se alimenta día a día
y ahoga mi respiración en un suspiro.
Convertidme en sal y agua,
para que forme
con vosotras un océano
de amor que lo envuelva,
y él también me ame y me desee.
Dejadme vuestros anillos de perlas,
los corales para anudar mi pelo,
las estrellas para mis ojos,
y el ámbar para mis pulseras.
Que mi vestido sea de algas
con peces de mil colores,
que mi cuello lo adornen esmeraldas
y que en mi talle se instale la victoria.
Caracolas, caracolas,
que el sortilegio le enamore
hasta la última partícula de su sombra.






ENGAÑO



Has llenado mi copa
y la tuya,
pero no has bebido.
Se ha quedado el néctar
en el borde de mis labios.
¿Cómo se puede jugar así
con el destino,
y dejar perder
este vino de uvas exquisitas
después de haberlo
trabajado tanto?
La tierra se ha regado sin quererlo
y mi boca ha quedado esperando.
Locuras que comete el hombre
cuando el que habla no es el corazón,
sino la mente.
Engaño, triste mentira,
maldita suerte.
Por haber creído que me amabas,
encadené mi águila al abismo
y ensombrecí mi alma hasta la muerte.






DÉJAME


Deja que te arranque despacito
de mi alma y no protestes.
Casi me quemo por desearte
y no verte.
Por no escuchar de tus labios
un te quiero,
voy a volverme loca
esta tarde y todas las que resten.
Déjame escapar de tu sonrisa de niño
y de tus ojos que no quieren mirarme.
La alegría de mi vida, la ilusión,
la sangre, se ha contaminado
con tu presencia
y no me deja olvidarte.
Los suspiros son ahora mis amigos
en esta tarde de octubre,
llueve y hace frío lejos
de tu piel y de tus besos.
Caminas por mis pensamientos como
si nada de lo nuestro existiera,
te esfuerzas por no creer
que es posible amar
y desintegrarse en el intento.
Las nubes han vaciado todo su amor
en el jardín y no has vuelto.
Mi aliento se dibuja
en la ventana esperando
y en el vaho escribo tu nombre.
Tu nombre, que aunque tape mis oídos,
cierre mis ojos y mi boca,
seguiré pronunciando hasta mi muerte.







TUS OJOS



Hoy no te llamaré,
ni te escribiré.
No escucharás mi nombre.
Pasearás por los pasillos inertes
y me buscarás, pero no estaré.
Desearás romper tu orgullo,
tu timidez, y gritar,
pero tu grito se quedará cautivo
en tu garganta.
Acallarás tu alma
y fingirás sentirte bien,
pero tu soledad
se reflejará en tus ojos,
tus ojosque alguna vez
se clavaron en los míos
para decirme que me amabas.




ELEGÍA POR MI MUERTE



Quiero que al morir,
mi cuerpo descanse
en un prado pequeño
de flores silvestres.
Y en el lugar
más triste y más frío,
sepulten mi cuerpo
desnudo en la tierra.
No muy lejos habrá un arroyo
que sepa adormecerme,
cuando nada ni nadie
me acompañe.
Será un atardecer
en que vendrá a buscarme,
y la lluvia de febrero
mojará mis pies cansados.
El lugar exacto
debe ser, aquel, aquel…
iluminado por un rayo de luz,
que se filtre por las copas
y que la brisa ligera del verano
bese la tierra que me cubra.



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