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martes, 17 de agosto de 2010

Poemas Salvador Díaz Mirón





Nace en el Puerto de Veracruz-Ciudad de México, el 14 de diciembre del 1853. Fue poeta precursor del modernismo. Trabajo como periodista y profesor. Realizó sus estudios de forma irregular en Xalapa. En 1865 entró al seminario donde estuvo más de un año. Volvió a Veracruz y a los 14 años se inició en el oficio de periodista. En 1872 su padre lo envió a Estados Unidos de América para alejarlo de sus malas amistades. Cuando volvió ya hablaba inglés, francés y tenía nociones de latín y de griego. En 1874 empezó a interesarse en la poesía. Años después, en 1876, cuando escribía el periódico "El Pueblo". Muy pronto empezó a leer las páginas de los clásicos grecolatinos, de escritores contemporáneos, particularmente mexicanos, españoles y franceses. Autor de una vasta obra, muchos de sus poemas sólo fueron publicados en el «Diario Comercial» y nunca se editaron. De sus poemarios se destacan: «Lascas» y «La mujer de nieve». Y muere el 12 de junio del 1928 en su tierra natal.





ANTOLOGÍA POÉTICA






DEDICATORIA


Cuanto en mí vierte luz y armonía

ha nacido a tus besos de miel;

yo soy bardo y tribuno, alma mía,

porque tú eres aliento y laurel.

Si he lanzado una piedra a los cielos,

si fui cruel, no me guardes rencor;

confesando que ha sido por celos,

harto digo que fue por amor.

No te aflijas si el nauta suspira

tanto nombre en las noches del mar;

si son muchos los astros que mira,

uno solo es la Estrella Polar.

La esperanza, luchando y venciendo,

me promete sin par galardón;

¡a ti vaya, sangrando y gimiendo,

este libro, que es un corazón!

Cuanto en mí vierte luz y armonía

ha nacido a tus besos de miel;

yo soy bardo y tribuno, alma mía,

porque tú eres aliento y laurel.



COPO DE NIEVE



Para endulzar un poco tus desvíos

fijas en mí tu angelical mirada

y hundes tus dedos pálidos y fríos

en mi oscura melena alborotada.

¡Pero en vano, mujer! No me consuelas.

Estamos separados por un mundo.

¿Por qué, si eres la nieve, no me hielas?

¿Por qué, si soy el fuego, no te fundo?

Tu mano espiritual y transparente,

cuando acaricia mi cabeza esclava,

es el copo glacial sobre el ardiente

volcán cubierto de ceniza y lava.


A UNA DAMA



Bailas por antojo que al mancebo engríe;

y "escotada" luces dos hechizos fuera,

y en el rubio monte de tu cabellera

una flor de grana bruscamente ríe.

¡Pasas, huyes, tornas y el placer deslíe

fósforo combusto que te pinta ojera,

y tu maridazo mira errar la hoguera

y nada barrunta que le contraríe!

¡Y en el rubio monte de tu cabellera

una flor de grana bruscamente ríe!


A TI



Portas al cuello la gentil nobleza

del heráldico lirio; y en la mano

el puro corte del cincel pagano;

y en los ojos abismos de belleza.

Hay en tus rasgos acritud y alteza,

orgullo encrudecido en un arcano,

y resulto en mi prez un vil gusano

que a un astro empina la bestial cabeza.

Quiero pugnar con el amor, y en vano

mi voluntad se agita y endereza,

como la grama tras el pie tirano.

Humillas mi elación y mi fiereza;

y resulto en mi prez un vil gusano

que a un astro empina la bestial cabeza.



A BERTA



Ya que eres grata como el cariño

ya que eres bella como el querub,

ya que eres blanca como el armiño,

¡sé siempre ingenua, sé siempre tú!

El torpe engaño que el vicio fragua

nunca se aviene con la virtud.

¡Sé transparente como es el agua,

como es el aire, como es la luz

Que tu palabra -dulce armonía

que tu alma exhala como un laúd,

como una alondra que anuncia el día

presa en la sombra que flota aún-

sea un arroyo sereno y puro

do, al inclinarme como un saúz,

mire las guijas del fondo oscuro

y las estrellas del cielo azul.



MÚSICA DE SCHUBERT


Crin que al aire te vuela, rizada y bruna,

parece a mis ahogos humo en fogata;

y del arpa desprendes la serenata

divinamente triste, como la luna.

Y del celo ardoroso despides una

fragancia de resina; y él te dilata

ojo que resplandece con luz de plata,

como en la sombra el vidrio de la laguna.

Mas tu marido llega, con su fortuna,

nos dice dos lisonjas, va por su bata,

y al dormido chicuelo besa en la cuna.

Y mientras que te tiñes en escarlata,

crin que al aire te vuela, rizada y bruna,

parece a mis ahogos humo en fogata.



MÍSTICA



Si en tus jardines, cuando yo muera,

cuando yo muera, brota una flor;

si en un celaje ves un lucero,

ves un lucero que nadie vio;

y llega un ave que te murmura,

que te murmura con dulce voz,

abriendo el pico sobre tus labios,

lo que en tu tiempo te dije yo:

aquel celaje y el ave aquella,

y aquel lucero y aquella flor

serán mi vida que ha transformado,

que ha transformado la ley de Dios.

Serán mis fibras con otro aspecto,

ala y corola y ascua y vapor;

mis pensamientos transfigurados:

perfume y éter y arrullo y sol.

Soy un cadáver, ¿cuándo me entierran?

Soy un viajero, ¿cuándo me voy?

Soy una larva que se transforma.

¿Cuándo se cumple la ley de Dios,

y soy, entonces, mi blanca niña,

celaje y ave, lucero y flor?



LA NUBE


¿Qué te acongoja mientras que sube

del horizonte del mar la nube, negro capuz?

Tendrán por ella frescura el cielo,

pureza el aire.

Verdor el suelo, matiz la luna.

No tiembles.

Deja que el viento amague

y el trueno asorde y el rayo estrague

campo y ciudad;

tales rigores no han de ser vanos...

¡Los pueblos hacen con rojas manos

la Libertad!


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