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martes, 26 de octubre de 2010

Poemas Rosa Chacel

 



Rosa Chacel Arimón, nace el 3 de junio del 1898 en Valladolid-España. Su madre, maestra, le brinda la formación elemental en casa, a causa de la delicada salud de la niña. A los 9 años Chacel va a vivir con su abuela materna a Madrid, en el barrio de Maravillas que años después glosará en su obra homónima. Chacel estudió dibujo con Fernanda Francés en la Escuela de Artes y Oficios de la calle de la Palma y en la Escuela del Hogar y Profesional de la Mujer e ingresó más tarde en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, que dejó en 1918. En ese momento comienza a vincularse con la bohemia literaria de los cafés madrileños: el Granja del Henar y la Bollería de Pombo, y también el Ateneo de Madrid. En 1933 pasará seis meses sola en Berlin, superando la crisis creativa creada por la muerte de su madre. En estos años formativos recibe la influencia de Proust y del Joyce de Retrato de un artista adolescente, pero también de Freud y Nietzsche. Entra en el círculo de Ortega y Gasset. Publica en la Revista de Occidente dos relatos (Chinina Migone, 1928, y Juego de las dos esquinas, 1929) y el ensayo Esquema de los problemas culturales y prácticos del amor (1931), y también en La Gaceta Literaria. lo largo de su carrera literaria, Rosa Chacel incursionó por el género de la novela, el cuento, la poesía, las biografías y el ensayo. “Memorias de Leticia Valle”, “Acrópolis”, “Sobre el piélago”, “Balaam y otros cuentos”, “A la orilla de un pozo”, “Timoteo Pérez Rubio y sus retratos del jardín”, “Saturnal”, “Rebañaduras” y “La lectura es secreto” son sólo algunos de los títulos que forman parte de la extensa obra literaria de la autora, gracias a la cual ha ganado diversos reconocimientos, como el Premio Castilla y León de las Letras
y el Premio Nacional de las Letras Españolas, además de haber sido nombrada Hija Predilecta de Valladolid y obtenido el doctorado honoris causa por la Universidad de Valladolid. Fallece el 7 de agosto del 1994 en Madrid-España.




POEMAS





NARCISO


¿Dónde habitas, amor, en qué profundo
seno existes del agua o de mi alma?
Lejos, en tu sin fondo abismo verde,
a mi llamada pronto e infalible.
Nuestras frentes unánimes separa
frío, cruel cristal inexorable.
Zarzas de tus cabellos y los míos
tienden, en vano, a unir lindes fronteras.
Sobre el mío y tu cuello mantenido
un templo de distancia en dos columnas
silencio eterno guarda entre sus muros;
nuestro mutuo secreto, nuestro diálogo.
Silencio en que te adoro, en que te encierras,
recinto de silencio inaccesibles
y lugar a la vez de nuestras citas.
¡Siglos espero frente a la cruenta
muralla dura que lamento inerme!
Eternidades entre nuestras bocas
a cien brisas y a cien vuelos de pájaros.
¿Para qué pies que hollaban la pradera
jóvenes, blancos corzos corredores
si no me llevan hacia ti ni un punto?
¿Para qué brazos tallos de mis manos
si jamás alcanzarán a estrecharte?
¡Límpida, clara linfa temblorosa
jamás en nuestro abrazo aprisionada!
¿Para qué vida, en fin, si vida acaba
en el umbral de la mansión oscura
donde moras sin hálito, en el vidrio
que con mi aliento ni a empañar alcanzo?
¡Oh, sueño sin ensueño, muerte quieta
lecho para mi anhelo, eterno insomne!
¡Único al fin reposo de mis ojos
tu infinito vacío negro espejo!



A PABLO NERUDA


Yo veo a tu dragón, llorando ciego,
con el hambre clavada entre las cejas,
lamer la sombra, cuando tú te alejas
y queda yerto el polvo de tu fuego.
Zozobrar en el rojo, ingente riego
de fluviales hespérides complejas,
limpiar su pelo de memorias viejas
y sonreír, agonizando luego.
Si la piedad su tierna flor incuba
para ti, entre blasfemias y escorpiones,
el placer del martirio es tu camino.
Cuando a tu frente el sacro aliento suba,
cautiva el canon, luz de sus lecciones,
y plántalo en el centro de tu sino.



A RAFAEL ALBERTI


Cuando la mar esté bajo tu almohada
¡Alegría de turbas infantiles!
¡Triunfo de los egregios, varoniles
pámpanos que estremece la alborada!
Frutos dará la náyade dorada
que llamea en los ínclitos candiles
y en sus perlas de amor claros abriles
hervirán al compás de tu mirada.
¡Qué ventura te aguarda en el impacto
si alcanzar logras la divina orquesta!
Tu frente surtirá con el contacto
de la escondida nuez templada y presta
que a trompa airada vibrará en el acto.
¡La vida es gracia y el reír no cuesta!




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