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martes, 15 de febrero de 2011

Un Encuentro Casual





Él me miro nuestras miradas se encontraron y sin poder hacer nada, al mismo tiempo sentí una profunda emoción que invadió todo mi ser hasta hacerlo enloquecer. Se acercó a mí con aire varonil que aún ahora siento tan cálido en mí. ¡Hola!- me saludó. Yo también le saludé, al instante estábamos sentados charlando como dos grandes amigos de toda la vida, tal cual hubiéramos ido juntos a la escuela. Pero no, era la primera vez que coincidíamos en aquel lugar, aquella hora y todo nos parecía como si antes lo hubiéramos vivido. Me invitó a varias cosas; café, bollitos, pastelitos, yo no sé que tantas cosas llegué a meter en mi estómago con tal de seguir ahí junto a él, escuchando su voz, una amena conversación sobre su vida, su familia, su trabajo, nos reímos, emocionamos. Todavía nuestras miradas seguían clavadas, como si nada. Su mano se aproximó a la mía el encuentro fue inmediato, percibí su tacto, calor y deseo en esa tierna caricia que llegó a mí como agua de mayo. Acabé con el estómago algo revuelto, fueron demasiadas emociones, demasiado bonito, un escenario de película, un protagonista muy apropiado, un encuentro casual. Todo improvisado pero al mismo tiempo construido con mucha delicadeza, parecía un sueño del cual podría despertar en un instante, y esfumarse todo hasta quedar en nada. De pronto salí de este trance, me pidió el número de teléfono o celular (como quieran llamarlo). Se lo dí sin chistar ilusionada por el momento, deseaba volverlo a ver, sobre todo de experimentar una y otra vez este deseo de tenerlo junto a mí, me supo a poco esta coincidencia.
La espera me desesperó nunca más lo volví a ver y mucho menos me llamó.







© 2011 Rosana Martí
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