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jueves, 28 de julio de 2011

Poemas José Zorrilla



José Zorrilla (1817-1893)


José Zorrilla y Moral, nace un 21 de febrero del 1817 en Valladolid-España. Poeta y dramaturgo español. Su familia bastante acomodada, vivió en Valladolid, Burgos y Sevilla hasta que llegaron a Madrid donde se establecieron. Estudió leyes en la universidad de Toledo y Valladolid. Fue un hombre de rígidos principios, absolutista, se reveló como poeta al pie del sepulcro de Larra, leyendo emocionadamente una composición en honor del suicida, cuando toda la capital se hallaba reunida en el cementerio para rendirle el último tributo. En 1845 viaja a Francia asistiendo en París algunos cursos en la Facultad de Medicina y relacionándose con Dumas, George Sand, Musset y Gautier. Ese mismo año murió su madre, dejándole en profunda melancolía. Se hizo famoso dando recitales públicos y obtuvo numerosos honores entre los que sobresale su nombramiento de cronista en 1884 en Valladolid. Y en 1889 su coronación como poeta nacional en Granada. Hay en la vida de Zorrilla algunos detalles de gran interés para comprender la orientación de su obra. En primer lugar, las relaciones con su padre. Hombre éste despótico y severo, rechazó sistemáticamente el cariño de su hijo, negándose a perdonarle sus errores juveniles. El escritor cargaba consigo una especie de complejo de culpa, y para superarla decidió defender en su creación un ideal tradicionalista muy de acuerdo con el sentir paterno. Dice en Recuerdos del tiempo viejo: "Mi padre no había estimado en nada mis versos: ni mi conducta, cuya clave él sólo tenía". También es importante destaca su temperamento sensual que le lleva hacia las mujeres, primeramente hacia su prima en temprana edad, amores en París y México y sus dos esposas. Queda algo lejos de su “Don Juan Tenorio” 1844, que este tuvo más mujeres. El amor sin dudas es el eje principal de su producción. Fue un niño ingenioso, bondadoso, amigo de sus amigos, ignorante del valor del dinero y ajeno a la política.
Murió en Madrid-España el 23 de enero del 1893 mientras le intervenían quirúrgicamente de un tumor cerebral.







POEMAS





ORIENTAL


Corriendo van por la vega
a las puertas de Granada
hasta cuarenta gomeles
y el capitán que los manda.
Al entrar en la ciudad
parando su yegua blanca,
le dijo éste a una mujer
que entre sus brazos lloraba.
-Enjuga el llanto, cristiana,
no me atormentes así,
que tengo yo, mi sultana,
un nuevo Edén para ti.
Tengo un palacio en Granada,
tengo jardines y flores,
tengo una fuente dorada
con más de cien surtidores,
y en la vega de Genil
tengo parda fortaleza,
que será reina entre mil
cuando encierre tu belleza.
Y sobre toda una orilla
extiendo mi señorío;
ni en Córdoba ni en Sevilla
hay un parque como el mío.
Allí la altiva palmera
y el encendido granado,
junto a la frondosa higuera,
cubren el valle collado.
Allí el robusto nogal,
allí el nópalo amarillo,
allí el sombrío moral
crecen al pie del castillo.
Y olmos tengo en mi alameda
que hasta el cielo se levantan,
y en redes de plata y seda
tengo pájaros que cantan.
Y tú mi sultana eres,
que desiertos mis salones están,
mi harén sin mujeres,
mis oídos sin canciones.
Yo te daré terciopelos
y perfumes orientales;
de Gracia te traeré velos
y de Cachemira chales.
Y te daré blancas plumas
para que adornes tu frente,
más blanca que las espumas
de nuestros mares de Oriente.
Y perlas para el cabello,
y baños para el calor,
y collares para el cuello;
para los labios…¡amor!
-¿Qué valen tus riquezas
-respóndele la cristiana-,
si me quitas a mi padre,
mis amigos y mis damas?
Vuélveme, vuélveme moro,
y manoseando su barba,
dijo como quien medita,
en la mejilla una lágrima:
-Si tus castillos mejores
que nuestros jardines son,
y son más bellas tus flores,
por ser tuyas, en León,
y tú diste tus amores
a alguno de tus guerreros,
hurí del Edén, no llores;
vete con tus caballeros,
y dándoles su caballo
y la mitad de su guardia,
el capitán de los moros
volvió en silencio la espalda.




LA SIESTA
(Fragmento)


Son las tres de la tarde, julio, Castilla.
El sol no alumbra, que arde; ciega, no brilla;
la luz es una llama que abrasa el cielo;
ni una brisa una rama mueve en el suelo.
Desde el hombre a la mosca todo se enerva;
la culebra se enrosca bajo la hierba;
la perdiz por la siembra suelta no corre,
y el cigüeño a la hembra deja en la torre.
Ni el topo de galvana se asoma a su hoyo,
ni el mosco pez se afana contra el arroyo,
ni hoza la comadreja por la montaña,
ni labra miel la abeja, ni hila la araña.
el agua el aire no arruga, la mies no ondea,
ni las flores la oruga torpe babea;
todo el fuego se agosta del seco estío;
duerma hasta la langosta sobre el plantío.

Sólo yo velo y gozo fresco y sereno;
sólo yo de alborozo me siento lleno
porque mi Rosa
reclina en mi seno,
duerme y reposa.

Voraz la tierra tuesta sol de estío;
mas el bosque no presta su toldo umbrío.
Donde la Rosa se acuesta brota el rocío,
susurra la floresta, murmura el río.

¡Duerme en calma la siesta, dulce bien mío!
¡Duerme entretanto,
que yo te velo; duerme,
que yo te canto!

Mis ojos no se sacian de verte y admirarte.
¡Cuán bella estás dormida! ¡Qué hermosa te hizo Dios!
No hay nada con que pueda mi idea compararte.
Dios te hizo así, y no quiso Dios como tú hacer dos.
¡Qué hermosa eres Rosa! Naciste en Sevilla;
La gracia lo revela de tu incopiable faz;
tu cuerpo fue amasado con rosas de la orilla
de la campiña que hace Guad-al-kebir feraz.

Sus árboles han dado su sombra a tus pestañas,
tus párpados se han hecho con hojas de su azahar;
la esencia de sus nardos se encierra en tus entrañas,
porque trasciende a ellos tu aliento al respirar.

Duerme: el bosque nos presta su toldo umbrío,
susurra la floresta, murmura el río;
duerme en calma la siesta, que el duelo es mío.

¡Duerme entretanto,
Que yo te velo: duerme,
Que yo te canto.


 

A LA MEMORIA DESGRACIADA DEL JOVEN LITERATO
D. MARIANO JOSÉ DE LARRA


Ese vago clamor que rasga el viento
es la voz funeral de una campana;
vano remedo del postrer lamento
de un cadáver sombrío y macilento
que en sucio polvo dormirá mañana.

Acabó su misión sobre la tierra,
y dejó su existencia carcomida,
como una virgen al placer perdida
cuelga el profano velo en el altar.

Miró en el tiempo el porvenir vacío,
vacío ya de ensueños y de gloria,
y se entregó a ese sueño sin memoria,
¡que nos lleva a otro mundo a despertar!

Era una flor que marchitó el estío,
era una fuente que agotó el verano:
ya no se siente su murmullo vano,
ya está quemado el tallo de la flor.

Todavía su aroma se percibe,
y ese verde color de la llanura,
ese manto de yerba y de frescura
hijos son del arroyo creador.

Que el poeta, en su misión
sobre la tierra que habita,
es una planta maldita
con frutos de bendición.

Duerme en paz en la tumba solitaria
donde no llegue a tu cegado oído
más que la triste y funeral plegaria
que otro poeta cantará por ti.

Ésta será una ofrenda de cariño
más grata, sí, que la oración de un hombre,
pura como la lágrima de un niño,
¡memoria del poeta que perdí!

Si existe un remoto cielo
de los poetas mansión,
y sólo le queda al suelo
ese retrato de hielo,
fetidez y corrupción;
¡digno presente por cierto
se deja a la amarga vida!
¡Abandonar un desierto
y darle a la despedida
la fea prenda de un muerto!

Poeta, si en el no ser
hay un recuerdo de ayer,
una vida como aquí
detrás de ese firmamento...
conságrame un pensamiento
como el que tengo de ti.


 

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