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miércoles, 9 de junio de 2010

Poemas Mario Vargas Llosa





Jorge Mario Pedro Vargas Llosa, nació en Arequipa-Perú el 18 de marzo del 1936. Cuenta con la nacionalidad española. Su familia era de clase media fue hijo único, aunque tiene dos hermanos por parte de padre, ya que se separo de su madre poco antes de él nacer. Pasó su niñez en Cochabamba-Bolivia, donde su abuelo materno fue nombrado cónsul honorario. En 1946 se traslada a vivir a Lima, donde volvió a reencontrarse con su padre que restableció la relación con su madre. Estudió en el Colegio La Salle, de la congregación Hermanos de las Escuelas Cristianas de1 1947 a 1949. La relación con su padre, siempre tortuosa, marcaría el resto de su vida. A los 14 años, su padre lo envió al Colegio Militar Leoncio Prado (Lima), donde recibió por un tiempo clases de francés del poeta surrealista César Moro. Un año antes de su graduación, Vargas Llosa empezó a trabajar como aprendiz para periódicos locales. Se retiró de la escuela militar y terminó sus estudios en Piura, donde trabajó para el diario local, “La Industria”. En 1953 estudia en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde estudió Derecho y Literatura. Su carrera literaria empezó en 1957 con la publicación de sus primeros relatos; “Los jefes” y “El Abuelo”, trabajando al mismo tiempo en dos periódicos. Al graduarse de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en 1958 fue considerado el alumno sanmarquino más distinguido de Literatura, por lo que recibió una beca para seguir cursos de posgrado en la Universidad Complutense de Madrid, en Madrid-España. En 1960, luego de que culminara su beca en Madrid, Vargas Llosa se mudó a Francia con la impresión de que iba a obtener una beca para estudiar ahí; sin embargo, habiendo llegado a París se enteró que su solicitud había sido denegada. La primera novela de Vargas Llosa, “La ciudad y los perros”, fue publicada en 1963, su vitalidad y hábil uso de técnicas literarias sofisticadas impresionó de inmediato a los críticos, y ganó así el Premio de las Crítica Española. Ha escrito ensayo, teatro, y narrativa. Galardonado con el Nobel de Literatura en 2010, «por su cartografía de las estructuras del poder y sus imágenes mordaces de la resistencia del individuo, su rebelión y su derrota». Cuenta también en su haber con el Premio Cervantes (1994) y el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1986), entre otros.






POEMAS



LA EXORCISTA


Mi vida parece sin misterio y
monótona
a quienes me ven
de paso a la oficina
en las mañanas apuradas.
La verdad es muy distinta.
Cada noche debo salir a pelear
contra un espíritu malvado
que, valiéndose de
disfraces -perro, grillo,
nube, lluvia, vago,
ladrón- trata de
infiltrarse en la ciudad
para estropear la vida humana
sembrando
la discordia.
A pesar de sus disfraces yo
siempre lo descubro
y lo espanto.
Nunca ha conseguido engañarme
ni vencerme.
Gracias
a mí, en esta ciudad
todavía es posible
la felicidad.
Pero los combates nocturnos me
dejan exhausta y magullada.
En pago de mis
refriegas contra el enemigo,
les pido unas sobras
de afecto y amistad.


(Nueva York, noviembre, 2001)



PADRE HOMERO


No sabemos si era uno o muchos.
Ni siquiera sabemos si existió
o lo inventamos
para dar un dueño y una leyenda
a los poemas que fundaron
el mundo en que vivimos.
Las cuencas vacías de sus ojos
iluminan como dos soles
las aguas, las islas y las playas
del Mediterráneo.
Tampoco sabemos si las historias
que cantó tuvieron raíces
en la historia real
o fueron fantaseadas
por su imaginación incandescente.
Yo lo adivino
como un viejecito bondado
soy excéntrico divirtiendo
a niños y ancianos
con fabulosas aventuras
de guerreros y monstruos
en una época inusitada
en que hombres y dioses
andaban entreverados
y las batallas se ganaban
con caballos de madera,
elíxires y magias.
Lo diviso entre sombras y
chisporroteo de fogatas,
en aldeas con olora
vino y aceite,
pulsando su lira
acompañado
por el murmullo del mar
y la resaca,
rodeado de caras expectantes.
Su fantasía y su verba
embellecían las anécdotas
que traían los marineros de sus viajes:
las canciones voluptuosas
de las sirenas,
los mordiscos de Escila
y los soplidos de Caribdis
que hundían a los veleros
y los náufragos
que se tragaba Polifemo.
En el corazón de sus mitos
palpitaban las chismografías
de los ancianos,
las endechas de las viudas y
las letanías de las madres
cuyos hijos raptaron
los piratas
para convertirlos en remeros.
Imagino su cabeza como
un volcán que crepita no lava
ni fuego sino historias,
una sinfonía de heroísmos,
apariciones, pesadillas,
bravatas, amores, hechicerías
y fastuosas celebraciones
de dioses y diosas
con hombres y demonios.
Nadie sabía de dónde venía
ni adónde iba.
Sus barbas eran blancas y
sus ojos, antes de vaciarse,
habían sido azules.
Su túnica tenía mil remiendos
y sus sandalias
tan gastadas
habían dado la vuelta al mundo
y al trasmundo.
El encanto de su voz
la suavidad de sus palabras
el color y la fosforescencia
con que narraba
daban a sus historias
la fuerza contagiosa
de la danza y la música,
esa estela que perseguía
a sus oyentes
en el sueño
y los incitaba a
aprender sus versos
de memoria
a repetirlos
de padres a hijos
de pueblo en pueblo
y de siglo en siglo,
hasta nosotros.
Gracias, abuelo,
inventor del Occidente.
Qué pobre sería nuestra historia
sin tus historias,
qué mediocres
nuestros sueños
sin tus sueños.



San Pedro de Atacama, 22 de febrero de 2008
(Poema publicado en la revista "Letras Libres")


 

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