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sábado, 4 de junio de 2011

Qué es la Narrativa





Igual que a nosotros, en los tiempos antiguos a la gente le gustaba enterarse de lo que ocurría por el mundo. Pero no existían periódicos, ni radios, ni televisión. Por eso unos hombres se dedicaron a llevar noticias de un pueblo a otro. Como narrar quiere decir contar, estos hombres fueron narradores y las historias que contaban narraciones.
Muchos pueblos de la antigüedad se vieron envueltos en frecuentes guerras, por eso les gustaba enterarse de las hazañas militares de sus antepasados y de sus batallas victoriosas. Los narradores solían contar por las aldeas este tipo de narraciones, que se llamaban epopeyas. Las epopeyas contaban las historias de los distintos héroes de un suceso.
De los griegos hemos heredado dos epopeyas muy hermosas que fueron creadas, según dice la leyenda, por un narrador ciego que se llamaba Homero. Una de ellas, La Iliada, cuenta los sucesos que se desarrollaron durante la guerra de Troya. La otra epopeya de Homero, la Odisea, cuenta las aventuras de uno de los héroes de la Iliada, Ulises, cuando vuelve en barco a su hogar tras la victoria sobre Troya.
En la Edad Media, las narraciones toman tres caminos diferentes según la intención del que las cuente y los intereses de quienes las oigan, Por una parte, la Iglesia Católica es muy importante en ese momento y está tratando de que el mensaje de la religión sea comprendido por todo el mundo. Por ello, para dejar claro lo que querían decir algunas partes de los sermones, se contaban unas historias que llamaban “ejemplos”.
Los “ejemplos” eran muy variados: había vidas de santos, sucesos vividos por la gente corriente, relatos maravillosos, pero la intención era siempre la misma; ilustrar alguna idea religiosa, alguna virtud o algún pecado, de forma clara. Se utilizaba un lenguaje sencillo y fácil de comprender.
Por otra parte la Edad Media es la época de los señores feudales, con sus tierras y castillos y sus damas y sus luchas continuas entre ellos para ser más poderosos. Todos los caballeros que luchaban a las órdenes de un mismo señor formaban una pequeña corte a su alrededor, y cuando no estaban en el campo de batalla había que entretenerlos.
De entretenerlos se encargaban los juglares, que además de hacer malabarismos recitaban o cantaban las hazañas de otros caballeros que realmente habían guerreado en un tiempo no muy lejano. Como estas narraciones también las cantaban por las aldeas, eran cantadas con palabras sencillas para que todo el mundo pudiera enterarse. Se llamaban cantares de gesta (que significa hazaña) y el Cantar del Mio Cid es uno de los más conocidos.


 


LA NARRATIVA ESCRITA




En el mundo de los cortesanos aparece algo que va a transformar completamente el modo de narrar: los libros. Hasta entonces los relatos se cantaban o se recitaban; ahora se van a escribir. Y en lugar de oírse, se van a leer. Con los libros se tendrá toda la narración entre las manos y la interrupción de la historia ya no es un problema, pues que se puede volver atrás y consultar lo olvidado.
Estas historias escritas van aún dirigidas a los caballeros y los temas no cambian mucho: siguen contando aventuras heroicas y amorosas. Pero ahora ya no son historias reales sino totalmente inventadas y reflejan lo que todos los caballeros quisieran ser: valientes, gloriosos, fieles, generosos, etc. Son las novelas de caballería.
Por último, al final de la Edad Media las ciudades han crecido y empiezan a tener importancia. Los comerciantes, por necesidad de sus negocios, aprenden a leer y a escribir. Ellos y los demás burgueses (que significa “los que viven en ciudades”) no están ya aislados en castillos sino en ciudades llenas de gente con las tratan. Les interesa la vida real, y en las narraciones hay situaciones del mundo que les rodea.
Algún tiempo después un italiano, Bocaccio, escribe una novela donde los personajes relatan distinto cuentos. Sin embargo, aunque describe la sociedad y la forma de ser real de la gente, está escrita en un lenguaje muy correcto y cuidado.
La observación de la vida cotidiana y de la forma de actuar de las personas, crea en los narradores una preocupación cada vez mayor por imaginar cómo son los personajes que aparecen en las historias y cómo ven el mundo. Eso es lo que vemos en la novela picaresca.
Este nuevo tipo de narraciones cuenta las experiencias de una persona “el pícaro” frente a las dificultades de la vida de cada día, donde no pasa nada importante. El protagonista es todo lo contrario de los héroes de las novelas de caballería: es un hombre vulgar y corriente, pobre, que trata de sobrevivir gracias a la astucia. En cierto modo el pícaro sobrevive hasta nuestros tiempos, como sucede en cine con los personajes de Chaplin y Cantinflas. El lazarillo de Tormes es un buen ejemplo de novela picaresca.

 
 
 
 

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