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martes, 15 de marzo de 2011

Poemas Matilde Alba Swann





Matilde Kirilovsky de Creimer, bajo el seudónimo de Matilde Alba Swann, nació el 24 de febrero de 1912 en Argentina. Hizo el bachillerato en la promoción del 1929 en el Colegio Superior de Señoritas, hoy Liceo Victor Mercante. En 1933 se licencia como abogada en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata. Ejerciendo con gran éxito su trabajo de abogacía, que compagino a la perfección con el de periodismo y poeta. Brillando por su lucha constante en la defensa de los derechos esenciales de su pueblo. En poesía publica ocho libros de poemas; dejo un noveno libro sin editar, pero preparado y a punto de ser impreso. Como periodista condujo audiciones de literatura en las radios Provincia de Buenos Aires y Universidad de La Plata; fue colaboradora permanente del Diario El Día de La Plata. Fue corresponsal de guerra del Diario El Día en la guerra de las Malvinas; fue colaboradora de la Página literaria del Diario La Capital de Mar del Plata.

Recibe innumerables premios, menciones y honores, entre los que se destacan:

Promoción para el premio Nobel de Literatura 1992.
Premio Provincia de Buenos Aires -poesía- 1991.
Premio Municipal de Literatura de La Plata.
3er. Premio de poesía Augusto Mario Delfino.
Mención del club Universitario de La Plata.
Mención de la Asociación Femenina de Periodistas del Perú.
Integró la Comisión de Honor del Primer Encuentro.
Latinoamericano de Poetas (diciembre 1984).
Fue designada Mujer Notable de la Comunidad, por el Rotary Internacional Filial La Plata.
2do. Premio de Poesía Ilustrado Municipalidad de La Plata - 1971.
3er. Premio de Poesía Ilustrada Municipalidad de La Plata.
2do. Premio de Asociación Judicial Bonaerense.

Fue Presidente de la Filial La Plata de la Sociedad Argentina de Escritores.
Falleció el 13 de septiembre del 2000 en la ciudad de la Plata-Argentina.




POEMAS

BAJO TU LÁSTIMA

Quiero huir de tu lástima, y tropiezo
con mis zarzas de miedo
y con mi nido
de alegrías dormidas, y desgarro.
Has tendido
tu sonrisa en piedad a mi costado,
y te quedas
a mirarme ceder, sombra inclinada
como un tronco crujido
de castigos.
Tus dos brazos cruzados, y ya ajenos,
y una boca de beso
que se guarda.
Nunca me vi pequeña como ahora,
a los pies de tu altura
compasiva.
Nunca, como hoy, descalza
y azotada,
a un instante del nunca, irremediable.
Ya no vibra mi carne
en paraísos,
ni en infiernos, ni en manzanas, serpientes,
ni en exilios.
Una lacia
sensación de desgano que me arrastra,
un insomne desorden
de cabello, una pena tremenda de estar triste,
y un deseo
de morirme mañana,
antes que partas, y dejarte
sonreír de piedad sobre mi ausencia.

 

EL MAR

El mar soñó en voz alta
que tú me besarías.
Libérame un instante los labios,
necesito
contarte sobre el filo
de aurora en que amaneces conmigo,
que fue cierto,
que sí,
que nos amamos.

Y ya antes
que deshaga de espumas,
-el mar sueña que muero a tu costado-
reanúdate,
yo quedo.

Y déjame tus manos.
O llévate apretados contigo
estos dos gozas y miedos y gemidos.

Mis dos gritos a un tiempo;
dos tigres, dos palomas;
dos himnos, dos sollozos;
dos triunfos, dos nostalgias;
dos culpas
y una sola locura
y un milagro.

O déjame tus manos.
Dos potros, dos tormentos
dos blancos dulces perros lamiéndome
los pasos;
dos náufragos, dos puertos;
dos fuerzas, dos desmayos;
dos gotas de una lluvia de estío;
dos blasfemias,
dos templos, dos guaridas;
dos cielos, dos infiernos,
dos dioses, y una génesis sola
sobre el caos.

La sal
ancla en el fondo del mar
castillos blancos.
Desátame los brazos
o apaga estos caminos de viento
que me llaman.

O vuélveme a la hoguera
del beso hasta que queden cenizas.
Desde el nácar
profundo
sueña un niño celeste, que amanece.


 

LLUVIA

Lluvia, hoy no te siento.
Hoy no eres nada
mas que agua vertical.

Apenas si te escucho
golpear el pavimento
y llamar con tu clave
sobre mi ventanal.

Lluvia, hoy no eres nada
para mi desaliento
nocturno y abismal.

Cuando era niña hallaba
en tu canción un cuento,
y ya en mi adolescencia
me diste un madrigal.

Ahora, lluvia, tengo
tanta tristeza adentro,
que no me dices nada,
sólo te oigo golpear.


 

REFUGIO

Entonces,
ciega y sorda, me abrazo a la poesía.

La aprieto contra el pecho,
la muerdo, la trituro,
me prendo a sus dos manos,
hundo en ella mi grito,
me aniño en su regazo,
sollozo en sus rodillas,
y encuentro que me acoge
piadosa a su ternura,
se adhiere a mi tristeza,
me entrega
gota a gota, su sangre, me amamanta,
me acuna, me adormece,
y en sueños,
poesía madre, le elevo mi plegaria.

«Sé lecho a mi cansancio,
sé sombra en este páramo amargo
en que transito
volcando ya mis pasos.

Sé el camino que busco, transvásame
tu esencia, conviérteme a tu imagen,
haz de mí, la elevada
poesía de poesía».

Y caigo ya sin fuerzas
de nuevo entre los hombres
que aplastan mis cenizas,
en tanto me perdonan
la culpa
de ser mártir.

 

VERANO

Hay arena y hay mar, y un horizonte
que podría tocarse
con las manos.

Un instante canícula, vacío,
pescadores tan solo
que adivino
más allá de envoltura,
sal y espuma.

Sin embargo, me circundan
palabras y señales.

Voy en busca de mí; partí hace tiempo,
soy apenas,
la pisada brumosa en la memoria
de un distante hacedor
alto, trazando
nuevos seres, y nuevas borraduras.

El sol viene a quererme;
siento, dentro,
ronronear mi pureza primitiva.
Cae el párpado denso...
Las palmeras
reiniciaron su juego para estar durmiendo.


 
YO NO TENGO LA CULPA...


Yo no tengo la culpa
de amar tenaz la sombra de las cosas que fueron,
y sentir la impaciencia del misterio que ronda,
y vibrar la certeza de la luz que fulgura.
Yo no tengo la culpa de quedarme conmigo
en la hora del brindis, del laurel, de la espiga,
en refugio de infancia, en retorno de escuela,
en regreso a la tierna canción adormecida.
Yo no tengo la culpa de sumarme a la noche,
de soltarme en los techos en congoja de lluvia,
de morir de vergüenza con aquél que se humilla,
de quemarme en la fiebre mortal de los enfermos,
de dolerme en las hojas pisoteadas de otoño,
de gemir en las ramas de bramar con el viento.
Yo no tengo la culpa de ser una partícula
del cuerpo de la pena,
del coraje, del sueño, del amor por la eterna
tristeza de los hombres.
Solo tengo la culpa
de reunir en mis versos el dolor que rezuman
esas cosas amargas que remuerden y acusan,
de eso tengo la culpa...!




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