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sábado, 7 de agosto de 2010

Poemas María Zambrano






María Zambrano nace en Vélez-Málaga (España), el 22 de abril de 1904, donde permanece hasta los cuatro años. En 1921 inicia sus estudios de Filosofía como alumna libre en la Universidad Central de Madrid. Ensayista y filósofa española. Discípula de J. Ortega y Gasset, Zubiri y Manuel García Morente, fue una de las figuras capitales del pensamiento español del siglo XX. Su preocupación mística, la forma de abordar los conflictos éticos, y el estudio de la interrelación entre realidad y verdad, reclamaban la necesidad de un profundo diálogo entre el ser y su entorno. Para ella era preciso establecer tres modos de razonamiento: el cotidiano, el mediador y el poético. Desde este último se aproximó a lo sagrado, el lugar donde se encuentra la explicación de lo trascendente, la lógica del misterio. La razón poética de Zambrano es una razón que trata de penetrar en los ínferos del alma para descubrir lo sagrado, que se revela poéticamente. La razón poética nace como un nuevo método idóneo para la consecución del fin propuesto: la creación de la persona individual. En esta última etapa de la actividad intelectual de María Zambrano es incansable, siendo nombrada hija predilecta de Andalucía en 1985. En 1987 se constituye en Vélez-Málaga la Fundación que lleva su nombre y en 1988 le es concedido el Premio Cervantes de literatura. “Horizontes del liberalismo”, “Hacia un saber sobre el alma”, “Los sueños y el tiempo”, “Claros del bosque”, “De la aurora”, “El reposo de la luz” y “Para una historia de la piedad” son algunas de las obras creadas por esta escritora. El 6 de febrero de 1991 fallece en Madrid, siendo enterrada en su pueblo natal.








ANTOLOGÍA POÉTICA







LA MIRADA


Sólo cuando la mirada se abre al par
de lo visible se hace una aurora.
Y se detiene entonces,
aunque no perdure y sólo sea fugitivamente,
sin apenas duración, pues que crea así el instante.
El instante que es al par indeleblemente
uno y duradero. La unidad, pues,
entre el instante fugitivo e inasible
y lo que perdura. El instante que alcanza
no ser fugitivo yéndose.Inasible.
El instante que ya no está bajo
la amenaza de ser cosa ni concepto.
Guardado, escondido en su oscuridad,
en la oscuridad propia, puede llegar
a ser concepción, el instante de concebir,
no siempre inadvertido.
Y así, la mirada, recogida
en su oscuridad paradójicamente,
saltando sobre una aporía,
se abre y abre a su vez,
"a la imagen y semejanza",
una especie de, circulación. La mirada recorre,
abre el círculo de la aurora
que sólo se dio en un punto,
que se muestra como un foco,
el hogar, sin duda, del horizonte.
Lo que constituye su gloria inalterable.




PENSADORA DEL AURA



Nacer sin pasado, sin nada previo
a que referirse, y poder entonces verlo todo,
sentirlo, como deben sentir la aurora
las hojas que reciben el rocío;
abrir los ojos a la luz sonriendo;
bendecir la mañana, el alma,
la vida recibida, la vida ¡qué hermosura!
No siendo nada o apenas nada
por qué no sonreír al universo,
al día que avanza, aceptar el tiempo
como un regalo espléndido,
un regalo de un Dios que nos sabe,
que nuestro secreto, nuestra inanidad
y no le importa, que no nos guarda rencor por no ser......
Y como estoy libre de ese ser,
que creía tener, viviré simplemente,
soltaré esa imagen que tenía de mí misma,
puesto que a nada corresponde y todas,
cualquier obligación,
de las que vienen de ser yo, o del querer serlo.



EL TEMPLO Y SUS CAMINOS



Unas tinieblas que prometen
y a veces amenazan abrirse.
Y es difícil creer que quien recorre
tal camino no se vea acometido
por el temporal
y un temblor casi paralizantes.
Es la luz de un viaje más bien extrahumano,
que el hombre emprendía
asomándose al lado dé allá,
a ese lado al cual se supuso,
cada vez con mayor ligereza,
que sólo se asoman los místicos.
Es la luz que se vislumbra
y la luz que acecha, la luz que hiere.
La luz que acecha en la inmensidad
de un horizonte donde perderse
parece inevitable, y que hiere con un rayo
que despierta más allá de lo sostenible,
llamando a la completa vigilia,
ésa donde la mente se incendiaría toda.



ANTES DE LA OCULTACIÓN


Comencé a cantar entre dientes
por obedecer en la oscuridad absoluta
que no había hasta entonces conocido,
la vieja canción del agua todavía no nacida,
confundida con el gemido de la que nace;
el gemido de la madre que da a luz una
y otra vez para acabar de nacer ella misma,
entremezclado con el vagido de lo que nace,
la vida parturiente. Me sentí acunada por este lloro
que era también canto tan de lejos y en mí,
porque nunca nada era mío del todo.
¿No tendría yo dueño tampoco?
La música no tiene dueño,
pues los que van a ella no la poseen nunca.
Han sido por ella primero poseídos,
después iniciados. Yo no sabía
que una persona pudiera ser así,
al modo de la música, que posee porque penetra
mientras se desprende de su fuente,
también en una herida.
Se abre la música sólo en algunos lugares
inesperadamente, cuando errante el alma sola,
se siente desfallecer sin dueño.
En esta soledad nadie aparece,
nadie aparecía cuando me asenté en mi soledad última;
el amado sin nombre siquiera.
Alguien me había enamorado allá en la noche,
en una noche sola, en una única noche hasta el alba.
Nunca más apareció. Ya nadie más pudo encontrarme.


DE LA AURORA


La noche, en una de sus formas de plenitud
es la noche del sentido, cuando el sentido
del que está al filo de la muerte,
o sobre la muerte como un mar único sostenido,
se produce, la salvadora noche del sentido
por desolada que sea. Porque entonces se siente,
aunque sea pálidamente, que la germinación
de lo que la ceguera y la mudez que la oscuridad
sin más traería, no es solamente anuncio
sino comienzo y razón al par.


POR QUÉ SE ESCRIBE


Escribir es defender la soledad en que se está;
es una acción que sólo brota desde un aislamiento afectivo,
pero desde un aislamiento comunicable,
en que, precisamente, por la lejanía de toda cosa
concreta se hace posible un descubrimiento
de relaciones entre ellas. El escritor sale de su soledad
a comunicar el secreto. Luego ya no es el secreto
mismo conocido por él lo que colma,
puesto que necesita comunicarle.
¿Será esta comunicación?
Si es ella, el acto de escribir es sólo medio,
y lo escrito, el instrumento forjado.
Pero caracteriza el instrumento el que se forja
en vista de algo, y este algo es lo que
le presta su nobleza y esplendor.



HACIA UN SABER SOBRE EL ALMA


Y así me he ido quedando a la orilla.
Abandonada de la palabra,
llorando interminablemente como si del mar
subiera el llanto, sin más signo
de vida que el latir del corazón y el palpitar
del tiempo en mis sienes,
en la indestructible noche de la vida.
Noche yo misma.


DELIRIO DEL INCRÉDULO


Bajo la flor, la ramasobre la flor, la estrella
bajo la estrella, el viento.¿Y más allá?
Más allá ¿no recuerdas?, sólo la nadala nada,
óyelo bien, mi alma
duérmete, aduérmete en la nada
si pudiera, pero hundirme.
Ceniza de aquel fuego, o queda
dagua espesa y amarga
el llanto hecho sudor
la sangre que en su huida se lleva la palabra
y la carga vacía de un corazón sin marcha.
De verdad ¿es que no hay nada? Hay la nada
y que no lo recuerdes. Era tu gloria.
Más allá del recuerdo, en el olvido, escucha
en el soplo de tu aliento.
Mira en tu pupila misma dentro
en ese fuego que te abrasa, luz y agua.
Mas no puedo. Ojos y oídos son ventanas.
Perdido entre mí mismo no puedo buscar nada
no llego hasta la Nada.


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