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domingo, 5 de septiembre de 2010

Poemas Lope de Vega




Lope Félix de Vega y Carpio nació en Madrid-España el 25 de noviembre del 1562. Fue unos de los poetas y dramaturgos más importantes del Siglo de Oro. Desde muy tierna infancia dio muestras de su interés por las letras, la poesía la escribió tanto en español como en latín, traducciones y comedia. Estudió en el Colegio Imperial de los Jesuitas y posteriormente estudió en la Universidad e incluso se ordenó como sacerdote, influenciado por el Obispo de Ávila. Lope de Vega destaca sobre todo como autor de teatro y es el verdadero creador del teatro nacional desarrollando el substrato, los intentos previos de dramaturgos anteriores. Vivió una vida de pasiones intensas, desde su enamoramiento a los diecisiete años, de Elena Osorio, hasta sus varios matrimonios, deslices y aventuras, y en intermedios se volcó al sacerdocio, pues profesaba a la vez una profunda fe religiosa. Aunque de cuna humilde, su destreza literaria lo llevó a codearse con la nobleza de la época. Su poesía lírica de la que publicó a lo largo de su vida. Sus canciones folklóricas aparecen principalmente en sus comedias. Fue uno de los percusores del nuevo romancero “Romancero general de 1600”, en este romancero cuenta sus amores disfrazados, otros romances nuevos de tipo más filosófico aparece en “Dorotea” 1632. “ Las Rimas humanas” 1602, que contienen 200 sonetos, algunos petrarquistas i otros mitológicos o pastoriles, con muchos elementos autobiográficos. Sus “Rimas Sacras” 1614, contienen 10 sonetos, en los cuales la expresión sentimental de el amor a Cristo se parece a la del amor humano, también en tomo encontramos, romances, canciones, idilios, etc. todo lleno de una religiosidad muy personal. Lope de Vega muere en Madrid el 27 de agosto del 1635.






POEMAS






A LA NUEVA LENGUA



—Boscán, tarde llegamos —¿Hay posada?

—Llamad desde la posta, Garcilaso.

—¿Quién es? —Dos caballeros del Parnaso.

—No hay donde nocturnar palestra armada.

—No entiendo lo que dice la criada.

Madona, ¿qué decís?

—Que afecten paso,

que obstenta limbos el mentido ocaso

y el sol depinge la porción rosada.

—¿Estás en ti, mujer? —Negóse al tino

el ambulante huésped—. ¡Que en tan poco

tiempo tal lengua entre cristianos haya!

Boscán, perdido habemos el camino,

preguntad por Castilla, que estoy loco,

o no habemos salido de Vizcaya.




A LA NOCHE



Noche fabricadora de embelecos,

loca, imaginativa, quimerista,

que muestras al que en ti su bien conquista,

los montes llanos y los mares secos;

habitadora de celebros huecos,

mecánica, filósofa, alquimista,

encubridora vil, lince sin vista,

espantadiza de tus mismos ecos;

la sombra, el miedo, el mal se te atribuya,

solícita, poeta, enferma, fría,

manos del bravo y pies del fugitivo.

Que vele o duerma, media vida es tuya;

si velo, te lo pago con el día,

y si duermo, no siento lo que vivo.



A LA SANTÍSIMA MADALENA



Buscaba Madalena pecadora

un hombre, y Dios halló sus pies, y en ellos

perdón, que más la fe que los cabellos

ata sus pies, sus ojos enamora.

De su muerte a su vida se mejora,

efecto en Cristo de sus ojos bellos,

sigue su luz, y al occidente dellos

canta en los cielos y en peñascos llora.

«Si amabas, dijo Cristo, soy tan blando

que con amor a quien amó conquisto,

si amabas, Madalena, vive amando».

Discreta amante, que el peligro vistos

úbitamente trasladó llorando

los amores del mundo a los [de] Cristo.




A MIS SOLEDADES VOY



A mis soledades voy,

de mis soledades vengo,

porque para andar conmigo

me bastan mis pensamientos.

No sé qué tiene el aldea

donde vivo y donde muero,

que con venir de mí mismo,

no puedo venir más lejos.

Ni estoy bien ni mal conmigo;

mas dice mi entendimiento

que un hombre que todo es alma

está cautivo en su cuerpo.

Entiendo lo que me basta,

y solamente no entiendo

cómo se sufre a sí mismo

un ignorante soberbio.

De cuantas cosas me cansan,

fácilmente me defiendo;

pero no puedo guardarme

de los peligros de un necio.

Él dirá que yo lo soy,

pero con falso argumento;

que humildad y necedad

no caben en un sujeto.

La diferencia conozco,

porque en él y en mí contemplo

su locura en su arrogancia,

mi humildad en mi desprecio.

O sabe naturaleza

más que supo en este tiempo,

o tantos que nacen sabios

es porque lo dicen ellos.

«Sólo sé que no sé nada»,

dijo un filósofo, haciendo

la cuenta con su humildad,

adonde lo más es menos.

No me precio de entendido,

de desdichado me precio;

que los que no son dichosos,

¿cómo pueden ser discretos?

No puede durar el mundo,

porque dicen, y lo creo,

que suena a vidrio quebrado

y que ha de romperse presto.

Señales son del juicio

ver que todos le perdemos,

unos por carta de más,

otros por carta de menos.

Dijeron que antiguamente

se fue la verdad al cielo;

tal la pusieron los hombres,

que desde entonces no ha vuelto.

En dos edades vivimos

los propios y los ajenos:

la de plata los extraños,

y la de cobre los nuestros.

¿A quién no dará cuidado,

si es español verdadero,

ver los hombres a lo antiguo

y el valor a lo moderno?

Todos andan bien vestidos,

y quéjanse de los precios,

de medio arriba romanos,

de medio abajo romeros.

Dijo Dios que comería

su pan el hombre primero

en el sudor de su cara

por quebrar su mandamiento;

y algunos, inobedientes

a la vergüenza y al miedo,

con las prendas de su honor

han trocado los efectos.

Virtud y filosofía

peregrinan como ciegos;

el uno se lleva al otro,

llorando van y pidiendo.

Dos polos tiene la tierra,

universal movimiento,

la mejor vida el favor,

la mejor sangre el dinero.

Oigo tañer las campanas,

y no me espanto, aunque puedo,

que en lugar de tantas cruces

haya tantos hombres muertos.

Mirando estoy los sepulcros,

cuyos mármoles eternos

están diciendo sin lengua

que no lo fueron sus dueños.

¡Oh, bien haya quien los hizo!

Porque solamente en ellos

de los poderosos grandes

se vengaron los pequeños.

Fea pintan a la envidia;

yo confieso que la tengo

de unos hombres que no saben

quién vive pared en medio.

Sin libros y sin papeles,

sin tratos, cuentas ni cuentos,

cuando quieren escribir,

piden prestado el tintero.

Sin ser pobres ni ser ricos,

tienen chimenea y huerto;

no los despiertan cuidados,

ni pretensiones ni pleitos;

ni murmuraron del grande,

ni ofendieron al pequeño;

nunca, como yo, firmaron

para bién, ni Pascuas dieron.

Con esta envidia que digo,

y lo que paso en silencio,

a mis soledades voy,

de mis soledades vengo.




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