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miércoles, 29 de septiembre de 2010

El Espejo sin Imagen por Mario Beer-Sheva




Caminando por un viejo barrio, de casas antiguas y plazas abandonadas, me encontré con un viejo negocio en una vieja calle. Me detuve en su vidriera, ante un vidrio que hace tiempo que no supo de limpieza...Y por simple curiosidad, y nada por hacer, vi en ella una serie de artículos que llamaron mi atención. Cuadros, adornos, jarrones, marcos, juegos de cubiertos, incompletos, juegos de copas, manchados por el polvo de los años, distintas herramientas, algunas otras cosas que ya no recuerdo.
¡Todo lo que estaba en la vidriera era viejo y algunos muy viejos!
Me hacía falta un martillo y entré. El vendedor, muy amable tres martillos me mostró. El vendedor era viejo, los martillos más aún. Le compré uno; el menos sucio. Mientras lo envolvía en un diario, en que daba la noticia de la muerte de Gardel. Me dijo lo siguiente...
A un hombre como usted tengo algo que ofrecerle, es el único en el mundo no se conoce otro igual. ¡El espejo sin imagen! La particularidad de éste espejo es que solo usted verá su imagen. Su imagen mostrará sus virtudes y defectos lo malo y lo bueno que hay en usted, su pasado, su presente y su futuro.
Hará la delicia de usted y hasta Alicia se enamoraría de él.
¡Vamos hombre! No deje pasar la oportunidad de recordar su vida pasada, de ver su vida presente y conocer el futuro de su vida...Me tenté, lo colgué en el dormitorio, a la hora de acostarme me acordé de él. Me paré frente al espejo y no tenía imagen. Siguiendo las indicaciones le dije *presente* y ahí estaba mi imagen que tanto conozco. Dije *pasado* y ahí estaba yo, naciendo en pañales, caminando, adolescencia hasta llegar al hoy. Al decir *futuro* primero mi asombro, después mi temor, luego el terror y finalmente el asco...
¡Tomé el martillo, rompí el espejo! Sus trozos fueron al incinerador.
¡También tiré el martillo! ¡Alicia no se enteró!


Mario Beer-Sheva



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